Tecnología, habilidades y el futuro del trabajo. Aportes para pensar el caso argentino

Tecnología, habilidades y el futuro del trabajo. Aportes para pensar el caso argentino

Por *Gabriel Vienni y **Ramiro Albrieu

La Cuarta Revolución Industrial es un fenómeno que avanza de manera incipiente y muy heterogénea. Condicionados por los propios rasgos estructurales de nuestro entramado productivo, los avances en el proceso de transformación se verifican de manera dispar. Las grandes diferencias existentes en las escalas productivas de las empresas, en su capacidad exportadora y en sus posibilidades de financiamiento tienen correlato a la hora de incorporar nuevas formas de producción.
 
*Director de Departamentos Técnicos de la Unión Industrial Argentina
**Investigador Principal del Área de Desarrollo Económico de CIPPEC



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Narrativa(s) sobre la carrera entre tecnología y habilidades

Existe una narrativa global sobre el cambio tecnológico y el futuro del trabajo. Según esta narrativa, un conjunto de nuevas tecnologías (Internet de las cosas, análisis de big data, impresión 3D, inteligencia artificial, sensores inteligentes, etc.) está remodelando la forma en que producimos, consumimos, intercambiamos y, por supuesto, la forma en que trabajamos.

Estas tecnologías también están dando forma a nuevos mercados laborales, con fuerzas positivas y negativas en juego. Primero, la adopción de tecnologías digitales crea nuevas oportunidades de trabajo; el empleo y los salarios deberían crecer en estos sectores. En segundo lugar, amenazará las ocupaciones intensivas en tareas en las cuales las nuevas tecnologías se especializan: rutinarias (tanto manuales como cognitivas) y de acumulación y manejo de información. Se espera que los niveles de empleo y los salarios disminuyan para estos trabajos.

Eventualmente, la narrativa continúa, las fuerzas positivas superarán a las fuerzas negativas y se alcanzará un nuevo equilibrio basado en la plena incorporación de las nuevas tecnologías y una completa readaptación de las habilidades de los trabajadores. En ese equilibrio el crecimiento económico se acelera y el nivel de bienestar progresa, como ocurrió con las revoluciones tecnológicas del pasado. En el corto plazo, sin embargo, la carrera entre tecnología y educación puede crear fricciones entre la oferta y la demanda de habilidades. Las políticas públicas pueden hacer frente a estos costos de ajuste transitorios invirtiendo en la recapacitación de los trabajadores actuales y futuros para “ganar la carrera” contra la tecnología, y estableciendo políticas para mitigar el crecimiento de la desigualdad de ingresos inducida por la tecnología.

¿Describe esta narrativa los desafíos y oportunidades que plantea el cambio tecnológico para los mercados laborales en la Argentina? Si no, ¿cómo sería nuestra narrativa, y qué esquema de políticas debe ser implementado en ese caso? Contestar estas preguntas presenta un primer gran desafío: no existe evidencia sobre el tema para el caso argentino. Por ello, en lo que sigue resumiremos los resultados de una encuesta que la Unión Industrial Argentina (UIA), el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) y el Instituto para la Integración de América Latina del Banco Interamericano de Desarrollo (BID Intal) realizaron para una investigación plasmada en el reporte “Travesía 4.0: hacia la transformación industrial argentina” (de aquí en adelante, “Travesía”). A partir de un relevamiento entre más de 300 empresas de seis sectores industriales, se indagó en el nivel de uso actual y proyectado de las nuevas tecnologías, en las acciones que las firmas están desarrollando para implementarlas, y en el impacto que el proceso de cambio tecnológico permite esperar en la demanda de trabajo en el presente y en los próximos años. Completaremos el análisis repasando el estado de las habilidades en el mercado de trabajo argentino y cerraremos con comentarios finales.

La Cuarta Revolución Industrial

Comencemos por definir qué es la Cuarta Revolución Industrial. En esta nueva revolución tecnológica –la cuarta después de la máquina de vapor, la electricidad y las TICs– los procesos productivos están mutando debido a la irrupción de la economía digital y su fusión con los mundos físicos y biológicos que ya conocemos.

Si nos detenemos en la cuestión tecnológica vemos que en el centro de esta revolución está la inteligencia artificial (IA). ¿De qué trata la IA? De sistemas para manejar grandes volumenes de información y tomar decisiones a partir de ellos. Más específicamente, IA es un sistema de tres pilares. El primer pilar es un conjunto de instrucciones para cumplir ciertas tareas de ordenamiento de los datos (priorización, clasificación, asociación, filtrado, etc.), lo que se conoce como “algoritmo”. Los algoritmos pueden ser basados enteramente en reglas pre-especificadas por las personas (los sistemas de expertos) o bien ser definidos en parte por las máquinas que utilizan datos para optimizar alguna función prefijada (lo que se conoce como machine learning). El segundo elemento –quizás el principal factor que explica el timing de la revolución– es el set de datos: cuanto más y mejor conjunto de datos, mejor es el desempeño del sistema de IA. Los datos requeridos son de tres tipos: como insumo para el funcionamiento del algoritmo, como entrenamiento para generar el algoritmo, y como feedback para que el algoritmo mejore su desempeño con la experiencia. Y el tercer elemento, las personas: la estructura de dominio, es decir el detalle de la totalidad de las tareas del proceso productivo que deben ser sistematizadas, el conjunto de preguntas que se quieren contestar con el sistema de IA, los criterios de evaluación de los resultados; todas tareas las cuales son realizados por personas.

Las empresas que deseen absorber las tecnologías de la 4RI deben replantear su modelo de negocios de diversas maneras, pero todas con un sentido común: la explotación de los datos asociados a las actividades del proceso productivo en sentido amplio, dentro de la empresa y en las relaciones con sus proveedores y clientes. Si bien la necesidad de contar con este tipo de datos existe desde hace décadas, hasta hace poco se circunscribía al registro de los ingresos y los gastos. A partir de la irrupción de la IA hoy sabemos que buena parte de la información sobre lo que hace la empresa se pierde. Maximizar los beneficios de la 4RI requiere que la totalidad del proceso productivo deje de ser una “caja negra” y se convierta en cambio en datos o huellas digitales que puedan ser utilizados en los sistemas de IA. Se necesitan datos sobre lo que ocurre en las distintas áreas funcionales dentro de la firma, pero también datos sobre el recorrido de los insumos utilizados y de los productos una vez fabricados.

Una de las formas en la cual la empresa logra convertir cada una de sus actividades en datos útiles a la toma de decisiones es lo que se conoce como industria 4.0: el uso de sensores instalados en las máquinas, insumos y productos y que se conectan entre sí (la internet industrial de las cosas que mencionamos más arriba) de manera de crear una red de información sobre el recorrido de los insumos, lo que ocurre dentro de la empresa y el recorrido de los productos.

La Industria 4.0 está sucediendo hoy en Argentina. En Córdoba se fabrican electrodomésticos que recogen información del consumidor para caracterizar cada uso y diseñar equipos más ajustados a sus necesidades. Se utilizan también allí sistemas de análisis por imágenes en tiempo real para la detección de malezas que permiten dosificar el uso de agroquímicos. La provincia de Buenos Aires cuenta con terminales automotrices y pymes autopartistas que se conectan en tiempo real para realizar entregas just in time y reducir stocks a las piezas estrictamente necesarias para cada hora de producción. A lo largo de todo el país pequeñas y medianas empresas sensorizan sus fábricas para, a través del uso de nuevos softwares, analizar los datos de producción e integrar puestos, optimizar procesos y prevenir fallas.

Nuestra narrativa (i): el cambio tecnológico

La Argentina es uno de los tres países más industrializados de América latina y cuenta con un entramado productivo potente y diverso. Sobre este punto de partida, Travesía permite contar con una fotografía del estado actual de la incorporación de tecnologías. Complementariamente, indaga las expectativas para los próximos diez años y las medidas que las empresas están tomando para lograr esta transformación.

Un primer diagnóstico muestra que la Cuarta Revolución Industrial es un fenómeno que avanza de manera incipiente y muy heterogénea. Condicionados por los propios rasgos estructurales de nuestro entramado productivo, los avances en el proceso de transformación se verifican de manera dispar. Las grandes diferencias existentes en las escalas productivas de las empresas, en su capacidad exportadora y en sus posibilidades de financiamiento tienen correlato a la hora de incorporar nuevas formas de producción. En ese sentido, la industria local tiene una estructura piramidal integrada por tres grupos, según el nivel en el que está usando o planea usar las nuevas tecnologías:

i. i)Existe un Travesía denominamos

ii. ii)Le sigue en el camino hacia la cumbre tecnológica un universo más amplio de empresas

iii. iii)Los

Aun cuando pueden identificarse obstáculos tales como la falta de estabilidad y crecimiento económico, la escasez de financiamiento o las deficiencias de la infraestructura digital, un rasgo que atraviesa de manera mayoritaria a los distintos segmentos es la certeza respecto de la inevitabilidad del proceso en curso. Cerca del 50% de las firmas proyecta un salto tecnológico importante en los próximos diez años.

Gráfico 1 Tipología de Empresas : 3 segmentos diferenciados

Nuestra narrativa (ii): las habilidades

Como dijimos antes, buena parte de las tareas que realizan actualmente los trabajadores podrán en un futuro cercano ser realizadas por máquinas y algoritmos. Otras, en cambio, serán altamente demandadas porque complementarán a la IA y permitirán su expansión. Aunque existe mucha incertidumbre con respecto a cómo serán los trabajos del futuro, hay tres cualidades que serán claves: 1) percepción y manipulación en contextos complejos, 2) creatividad y 3) inteligencia social. Algunos empleos emblemáticos con este tipo de características son, por ejemplo, las ocupaciones relacionadas con la educación o la salud. Por el contrario, aquellas ocupaciones menos densas en estas cualidades, que probablemente requieran un esfuerzo de readaptación de habilidades, incluyen a capturistas de datos, vendedores por teléfono u operadores de máquinas en diversos sectores.

¿Qué implica esto para el mercado de trabajo argentino? Para contestar esta pregunta, en un estudio reciente de CIPPEC (Albrieu et al.: 2018) seguimos la literatura convencional y estimamos en qué medidas los trabajadores y las trabajadoras argentinas contienen las habilidades que exactamente complementan a las nuevas tecnologías.

¿Qué encontramos? Que el stock de habilidades no es el adecuado para correr la carrera. La estimación de los trabajadores en la Argentina cuyas ocupaciones son intensivas en los tres grupos de habilidades complementarios con las nuevas tecnologías asciende a 1,9 millón sobre un total de 11,9 millones de trabajadores. Es decir, alrededor del 16% del total de ocupados; el 84% restante requeriría, en un escenario de rápida adopción de tecnología, inversión en capital humano en menor o mayor medida para readecuar sus habilidades. El porcentaje de trabajadores que hoy cuenta con habilidades complementarias a IA y otras tecnologías es sensiblemente menor al registrado en Estados Unidos, donde llega al 33 por ciento.

Estructura del mercado de trabajo por necesidad de readaptación de habilidades

En Travesía nos preguntamos qué esperan las empresas hacia adelante. Los resultados nos permiten ser más optimistas.
Primero, se les da una alta relevancia a las “habilidades blandas”, superando a las habilidades tecnológicas y técnicas, en línea con las tendencias observadas en el resto del mundo. También se destacan las habilidades digitales, asociadas a la interacción máquinas-personas y en menor medida las STEM, dejando detrás las habilidades asociadas a tareas repetitivas. La buena noticia es que esa brecha crecerá en el futuro.

Segundo, si bien en lo que respecta a las habilidades específicas vinculadas con la industria 4.0, la demanda ha sido escasa en los últimos años, para el próximo lustro las proyecciones empresariales bosquejan un pronunciado salto en esta demanda específica. Tecnologías como big dataonen la agenda de la demanda por venir. La puesta en marcha de iniciativas orientadas a readaptar habilidades de trabajadores presentes y futuros es uno de los activos más importantes para avanzar en este desafío de largo aliento.

Gráfico 3. Demanda de habilidades - % de empresas que consideran “muy importante”-

Gráfico 4. Demanda de habilidades - % de empresas que consideran “muy importante”-

Final: nuestra narrativa –y nuestro esquema de políticas–

La Cuarta Revolución Industrial acaba de comenzar. Al igual que con las Tecnologías de Propósito General del pasado, tomará tiempo hasta que se haya realizado todo su potencial y aparezca una nueva ola de progreso económico. Esto abre una ventana de oportunidad para la Argentina: todavía hay tiempo para adaptar las políticas y las instituciones al mundo venidero. La evidencia que mostramos construye una narrativa donde tanto el cambio tecnológico como la readaptación de habilidades ocurre en forma lenta. Y ello nos lleva a una conclusión: en términos de política pública, el statu quo no es una opción viable si se quiere aprovechar al máximo esta ventana de oportunidad. Dejamos para el cierre cuatro grandes lineamientos para revertir esta situación.

El primer lineamiento general de política se refiere al ritmo de cambio tecnológico. Es necesario desarrollar un plan productivo asociado a una adopción más rápida y generalizada de las tecnologías relacionadas con la Cuarta Revolución Industrial. La Argentina cuenta con sectores que se encuentran cerca de la frontera tecnológica global –como el agro, algunos servicios basados en conocimiento y segmentos de la industria tales como alimentos elaborados, biofarma, acero, siderurgia, etc.–, pero el panorama general es de una baja capacidad de absorción de los últimos avances digitales. El esquema de política debe ser suficientemente flexible y complejo como para interactuar con la multiplicidad de interlocutores que existen (cóndores, alpinistas y trekkers).

De manera complementaria, será determinante tomar las medidas necesarias para que la Argentina forme parte del grupo de países creadores de nuevas tecnologías y no agote sus objetivos en transitar un proceso de mera adopción pasiva de adelantos tecnológicos. Implementar políticas activas como las que llevan adelante los países que lideran este cambio, y crear un entramado institucional que potencie la interrelación entre el sistema científico-académico y el mundo productivo son condiciones imprescindibles para hacer de esta nueva revolución un proceso virtuoso en términos de producción, generación de divisas y empleo.

Un tercer lineamiento se refiere a las políticas de formación de conocimientos y habilidades. Las habilidades socioemocionales y cognitivas básicas y también algunas complejas específicas de cada sector o actividad serán claves, pero rara vez son parte de los esquemas de aprendizaje existentes. Sabemos que readaptar las habilidades de los trabajadores actuales y futuros es complejo ya que involucra varias instancias de formación, desde la primera infancia hasta el aprendizaje en la empresa, pero no hay otro camino.

Por último, un cuarto lineamiento de política se ocupa a los esquemas de risk sharing y –más en general– las instituciones que median en las relaciones laborales. Los esquemas tradicionales necesitan ir reformándose para dar paso a arreglos mejor adaptados a este nuevo entorno productivo, quizá complementados con una red de contención de carácter universal. Aquí el statu quo tampoco sirve: la alta tasa de informalidad laboral que tiene la Argentina no encontró aún un mecanismo para resguardar los derechos de los que no cuentan con un empleo formal típico de los países avanzados.

El desarrollo de la Argentina confluye en un futuro que tiene al empleo, a la industria y a la innovación tecnológica como protagonistas. En un mundo de configuración dinámica, la virtud de la adaptabilidad para incorporar y generar desarrollos tecnológicos conforma uno de los capitales más valiosos del siglo XXI. En una carrera que ofrece recompensas en cada etapa, la Argentina tiene por delante el reto fundacional de hacer propia la Cuarta Revolución Industrial.

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Futuro del trabajo

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